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Seg™n un grupo de cientÌficos,
las heridas emocionales duelen en serio, como las piÒas
Martes 21 de octubre de 2003
Un equipo
de cientÌficos descubriÛ que, para el cerebro, un desaire es como
una cuchillada. En otras palabras, que la mente reacciona como
si el cuerpo hubiera recibido un puÒetazo.
El dolor que produce
el rechazo social es m·s que una met·fora. Para sostener dicha
afirmaciÛn, el psicÛlogo Matthew Lieberman, de la Universidad
de California, Los Angeles, Estados Unidos, y sus colegas Naomi
Eisenberger y Kipling Williams, analizaron cientos de im·genes
cerebrales de 13 voluntarios obtenidas por resonancia magnÈtica.
Los escaneos demostraron que, cuando las personas sufrÌan un desaire
social, autom·ticamente empezaba a funcionar una zona del cerebro
al que los cientÌficos identifican como ìcentro del dolorî. El
hallazgo sugiere que cualquier tipo de estrÈs de origen emocional,
como el fin de una relaciÛn amorosa o la pÈrdida de un ser querido,
est· mucho m·s asociado al dolor real de lo que se suponÌa hasta
ahora.
Los cientÌficos saben desde hace un tiempo que cuando una persona
sufre una lesiÛn fÌsica, entra en acciÛn una parte del cerebro
llamada cingulado anterior. ìEs como una alarma: nos informa cuando
sentimos dolorî, dice el doctor Lieberman. Los mÈdicos compararon
las evidencias obtenidas durante la experimentaciÛn del dolor
fÌsico con las im·genes resultantes del estrÈs emocional y los
resultados demostraron que el dolor social comparte los mecanismos
cerebrales que el dolor fÌsico. La prueba fue sencilla: los psicÛlogos
sometieron a los voluntarios a varias sesiones de escaneo cerebral
mientras jugaban un juego de computadora que plantea atrapar una
pelota virtual y arroj·rsela a dos jugadores que aparecen en la
pantalla.
Para empezar, se les dijo que el juego no era importante y que
sÛlo se lo utilizaba para verificar que las conexiones con los
otros jugadores sometidos a la resonancia magnÈtica funcionaran
correctamente. Pero los investigadores no les estaban diciendo
la verdad: los otros jugadores no eran de verdad, estaban siendo
controlados por un programa de computaciÛn. Cuando empezÛ el juego,
los tres jugadores se pasaban la pelota para que todos pudieran
participar, pero, despuÈs de un rato, los jugadores controlados
por la computadora empezaron a arrojar la pelota sÛlo entre ellos.
ìHabÌa gente que salÌa de los escaners y nos decÌa: ëøVio lo que
me hizo?íî, dice el doctor Lieberman.
Los voluntarios que se sentÌan m·s rechazados manifestaron mayores
alteraciones en la actividad cerebral. ìLa respuesta a esta exclusiÛn
social es similar a la que se experimenta con el dolor fÌsico.
En general, se tiende a creer que el dolor fÌsico es una categorÌa
diferente, superior, al dolor emocional. Pero esto demuestra que
el dolor emocional puede causar la misma angustia que el dolor
fÌsicoî. El profesor Anthony Dickenson, de la University College
of London, Inglaterra, es especialista en dolor: ìEste tipo de
estudios est· demostrando que la angustia emocional es genuina,
que la gente que est· angustiada y perturbada no finge el dolor,
sino que los aspectos psicolÛgicos del dolor son realesî. ìEs
casi una conexiÛn poÈticaî, cierra Eisenberger.
© The Guardian
TraducciÛn de Claudia MartÌnez.
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